Juega con tu salud

No sé si algunx de vosotrxs ha jugado alguna vez o conoce ese juego en el que diriges a unos personajes, con vidas cotidianas, con casas cotidianas -o no-, y con unas necesidades a cubrir para alcanzar ese concepto que tanto escuchamos hablar: el bienestar.

¿Habéis observado qué sucede cuando todas las necesidades están cubiertas (alimentación, higiene, baño, descanso…), pero falta una, o ambas: la de la diversión y/o la de socialización? ¿No? Yo te lo cuento. Pues, bien, comprobareis que podrían llegar a frustrarse, a sentirse irascibles y quejarse por todo, a estar menos receptivos con el que tienen al lado, a perder amistades/parejas, a no querer ir a trabajar…en definitiva, ¡se vuelven infelices! y ¡te lo piden! -en su idioma, claro- (“”¡Oye, necesito divertirme!” ; ¡Quiero hablar con alguien!”, parecen expresar).

Cuando los escuchas y cubres sus necesidades, que no las que tú piensas que son esenciales, si no las que ellxs así lo consideran…entonces, aparece ese maravilloso equilibrio emocional que todxs de alguna forma ansiamos y deseamos.

Es curioso el mensaje que nos llega de este juego y que a veces parece que olvidamos, e incluso, es más curioso aún que haya personas que asuman que divertirse y socializarse, no es tan importante como otras necesidades y que, por tanto, pueden prescindir de ellas dejándolas para cuando el trabajo lo permita, para cuando lleguen las vacaciones, para cuando lleguen los festivos… Pero, lo sigo posponiendo…incluso en festivos, incluso en vacaciones…Hasta que llega un virus y nos hace parar. Y, entonces, nos damos cuenta que justamente, aquello a lo que no le dimos valor en su momento, se vuelve imprescindible. Esta vez no para ser felices, sino para resistir y compensar otras emociones que vienen de otro lado: el miedo a la pérdida en el sentido amplio de la palabra.

Porque no podemos olvidar que el ser humano es un ser social y que, además, necesita que su cuerpo esté en equilibrio constantemente para huir de lo que llamaríamos la enfermedad y acercarnos a lo que denominaremos la salud; que va a poner todas sus herramientas a disposición de ese estado “zen” cueste lo que cueste.

Y, ahora, te estarás preguntando…Vale, sí, entonces, ¿por qué sentimos estrés, ansiedad, preocupación, miedo, tristeza…si tenemos esa capacidad de buscar y encontrar el placer y evitar el sufrimiento? Precisamente por eso, porque si tú no te escuchas, no te conoces
y no sabes qué es lo bueno PARA TI y cómo dártelo, tu cuerpo va a hacer que te escuches. Y si vuelves a no escucharte, él va a seguir en su batalla para que lo hagas con las herramientas que tiene.

Pero, entonces, a ver… ¡vaya lío! ¿Por qué mi cuerpo me manda mensajes a través del sufrimiento? No, también lo hace a través del placer, pero no somos tan susceptibles a ello -estamos programados para quedarnos con lo “malo” y que pase desapercibido lo “bueno”-.

PORQUE… ¡es la única forma de que reacciones! De que te abras en canal y mires de qué estás hechx, de que entiendas de dónde vienes, de que compruebes cuáles son tus pilotos automáticos y si quieres cambiarlos a manual, de que conozcas tus creencias, tus valores, tus propias necesidades y no las que en algún momento te dijeron que debían ser…

Es el momento de entender que trabajamos para vivir.

Es el momento de entender que ese abrazo que ahora no puedes dar y en otro momento tuviste la oportunidad, pero no lo hiciste, también es una necesidad básica tan importante como comer, como indican numerosos estudios.

Que también lo es el que te debes a ti mismx.

Es la única forma de que pares y digas: hoy voy a ser feliz conscientemente.

Pase lo que pase.

Venga lo que venga.

Aunque lo que venga, sea una pandemia.