Punto de Inflexión

Post escrito por un paciente sobre su experiencia en terapia.

Para mí, conocer a María José fue un punto de inflexión en un momento en que, precisamente, lo único que necesitaba era encontrar ese punto de inflexión con el que pudiera cambiar algunos aspectos de mi vida.

Llegué a su consulta recomendado por una amiga para aprender a gestionar una salida del armario muy tardía que únicamente llegó por desesperación y no por haber reunido las condiciones necesarias para tomar ciertas decisiones en mi vida. Una vez que les conté a las personas que, para mí, debían conocer esta parte de mi persona (que me gustan los chicos, y ya, simplemente eso, porque luego te das cuenta de que no es nada más), decidí que tenía que aprender a aceptar el hecho de no haber podido tomar la decisión antes ni con más valentía ni fijándome más en lo que yo necesitaba como individuo y no tanto mirando por los demás.

Una vez normalizada la situación con mi entorno más cercano, que fue mucho más fácil de lo esperado y que no ha sido en ningún momento el problema principal, quedaba un largo camino por recorrer hacia la aceptación personal completa. La terapia con María José me ha ayudado (y sigue haciéndolo hoy, dos años y medio después) a luchar contra la frustración y el arrepentimiento de no haber vivido la vida que querría haber tenido durante algunos años de mi existencia y a superar ciertas ideas irracionales que se quedaron instaladas en mi cabeza después de tantos años de conversación conmigo mismo. El no saber cómo reaccionaría la gente a la que quiero al comunicarles que había una parte de mí que no conocían (ni yo mismo lo sabía, de hecho, de tantas veces que lo negué) por si dejaban de quererme hizo que me volviese retraído, extremista, pesimista y apático, y que la visión sobre mí mismo al no exponerme a los demás se viera totalmente desvirtuada. Y, lo peor de todo, que hubiera aceptado vivir sin hacerlo del todo, sin sentir nada, hierático, pasando por la vida de puntillas y sin causar ningún efecto en nadie ni en mí mismo.

Por todo ello, María José me dijo nada más llegar que detectaba que había mucha desconexión entre mi parte racional y mi parte emocional, ya que tiendo (tendía) a pensar mucho en las cosas, pero no me atrevía a sentirlas, por miedo, por desconocimiento o por las circunstancias que me habían llevado a estar sentado delante de ella. Así, entre otras muchas cosas que seguro que me dejaré, ella me está enseñando a ser menos extremista y a ver la gama de grises en mitad del blanco y el negro (incluso con el uso el lenguaje que uso conmigo mismo) y a recopilar una serie de herramientas que puedo aplicar no solo a la situación por la cual comencé la terapia, sino en todos los ámbitos de mi vida, de las cuales carecía cuando llegué y que me han ayudado a mejorar mi situación en pareja, en mi familia, en el trabajo y en cualquier relación social.

También me está enseñando que atreverse a hacer cosas nuevas puede acabar con anclajes del pasado; que los bucles de pensamiento en que entro no hay que ignorarlos, sino pasarlos, aprender a gestionarlos y sacar un aprendizaje de ellos; a abrazar la diferencia, de la que tanto renegaba, para llegar a desearla por haberme demostrado que ser diferente es a veces lo que te hace ser único y te permite ser feliz; a que me he convertido en la persona que soy ahora porque he pasado por todo lo que he pasado y no a pesar de ello; y, sobre todo, me ha enseñado a emocionarme y a SENTIR en vez de a pensar. De hecho, ahora mismo, cada vez que vivo una situación nueva en mi vida o a la que no sé enfrentarme con mis estrategias habituales, siempre salta su pregunta: “¿y tú cómo te sientes?” y, casi siempre, es ahí donde encuentro la respuesta ahora.

Me emociono escribiendo estas líneas al pensar que hace unos años esto que estoy haciendo, plasmar con palabras todo lo que siento y lo que considero que ha sido la gran prueba de mi vida hasta la fecha, habría sido imposible y gran parte de lo que yo considero un logro es gracias a ella. Gracias también a cómo ha sabido transmitirme calma desde el principio en su consulta, a cómo me ha mirado con cariño y sin juzgarme en ningún momento, a cómo me ha explicado que casi siempre lo que sentía era común y que no debía sentirme mal por sentirlo, ahora considero que he dado un paso adelante para dejar atrás el pasado (aunque cueste, y cuesta mucho), que tanto daño me hace, para iniciar un cambio hacia el tipo de persona que deseo ser en el presente y en el futuro.

He acabado algunas sesiones emocionado y dándole las gracias por haber sido una de las personas que han cambiado mi vida y no quiero acabar este texto de otra manera. Gracias, María José, por haber decidido dedicar tu carrera a construir un mundo mejor, por hacernos mejores personas, por enseñarnos a vivir con ilusión y por ser mi punto de inflexión en la vida.

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