De oruga a (casi) mariposa

Especialista en Terapia EMDR

Post escrito por una paciente sobre su experiencia en terapia.

Hola a quién quiera que me esté leyendo. Mi nombre es Beatriz Larrosa, tengo 33 años, actualmente estoy en terapia con María José desde hace dos años y medio y os voy a contar un poquito mi historia.

Desde los veintipocos años me di cuenta que había algo en mí que no iba bien, mental y físicamente, así que comencé mi camino de “sanación”. Mi cuerpo comenzó a somatizar (cosa de la que no tenía idea en ese momento) en forma de migrañas, cistitis de repetición, dolor en articulaciones etc. Como siempre, la medicina occidental intentó poner parches que no fueron efectivos… así que me acerqué a las terapias alternativas.

Un amigo me descubrió la Medicina tradicional china y la desprogramación biológica y decidí probarlo. Me ayudaron mucho con mis problemas físicos, pero ahí empecé a descubrir que había cosas que no andaban bien a nivel emocional, psicológico… Gracias a otra amiga, descubrí la terapia EMDR (una maravilla, es pura magia) en psicología y me recomendó el gabinete donde trabajaba María José en ese momento, pero no me encontraba lo suficientemente mal, así que lo dejé pasar.

Pero a los meses de esa recomendación hubo un punto de inflexión en mi vida, apareció una persona (a la que estaré siempre agradecida) con la que tuve una relación muy tóxica, todos mis miedos, inseguridades, “taras mentales” salieron a la luz de manera brutal… y me hundí en un pozo muy profundo en el cual no se veía el menor atisbo de luz. En ese momento, comencé terapia con María José.

Antes de nada, para mí es importante recalcar la importancia de tener una buena conexión/ relación con el profesional con el que vas a comenzar este proceso (porque es un trabajo duro pero muy gratificante) y con MJ fue así desde el minuto uno. Me sentí muy a gusto, comprendida, escuchada y con una empatía brutal hacia mí.

Recuerdo que en la primera consulta yo llegué sintiendo que no sabía quién era, estaba muy triste, enfadada, vacía, con una guerra mental que no me dejaba vivir ni dormir.

Mis palabras para definir cómo me sentía fueron “estoy en pozo muy profundo en el que no veo la salida ni sé cómo salir de aquí”. Sus palabras fueron muy tranquilizadoras, me dijo que me veía con muchas ganas de salir de ese pozo y que me iba a “meter caña”… y así lo hizo (y lo que se lo agradezco).

Me mandó deberes ese día, tenía que buscar sobre la terapia EMDR a modo informativo y redactar 15 recuerdos que quisiera, narrar el recuerdo en sí, la imagen mental que tenía de él y los sentimientos que me provocaban y en base a ello, comenzamos a trabajarlos con EMDR.

El primer recuerdo que trabajamos para mí fue magia (de hecho, le dije hechicera) porque antes de trabajarlo, la intensidad y el malestar al recordarlo eran altos… pero al finalizar el proceso y MJ preguntarme cuál era la intensidad y malestar que me producía… TACHÁN… era muchísimo menor. Fue una sorpresa notar como ese recuerdo tan “malo” ya no lo era tanto, era más como recordar una película que no me afectaba. Fue una sensación maravillosa porque mitigó gran parte del dolor que me producía ese recuerdo.

Han sido dos años y medio de trabajo duro pero muy muy muy gratificantes. El paso por terapia no es fácil, muchas veces es agotador, pero conforme vas avanzando en el camino, vas viendo el proceso y la evolución que estás teniendo, te reconforta y da fuerzas para seguir trabajando.

Ahora, parándome a pensar y mirando con perspectiva dos años atrás… ojalá mi momento de empezar la terapia hubiera sido muchísimo antes.

A día de hoy, me siento una persona FELIZ:

  • Las inseguridades han menguado muchísimo
  • Los miedos los enfrento y llevo de la mano.
  • Mis relaciones personales son bastante sanas.
  • Mi autoestima es alta y realista.
  • Me siento muy segura de mí misma, de qué quiero y qué no quiero en mi vida.
  • He empezado a estudiar una FP superior que me encanta y me realiza muchísimo como persona.
  • Soy capaz de poner barreras para sentirme bien. 
  • Miro por mi bienestar sin sentirme “egoísta”
  • He descubierto mi propia escala de principios y valores que defiendo con uñas y dientes.
  • He aprendido a saber decir NO sin sentirme mal por ello.
  • No tengo miedo a la soledad (ya que la única persona que va a estar conmigo toda mi vida soy yo) e incluso la disfruto por encima de estar acompañada.
  • Mi cerebro y corazón se van llevando bien y trabajan juntos (aunque el cerebro siga tomando el control muchas veces)

En definitiva, me siento una mariposa recién salida de la crisálida que en ocasiones puedo volar por mí misma, pero en otras necesito el empujón del aire para planear, descansar y coger energías para seguir entrenando el aleteo de las alas.